Una iniciativa impulsada por CICAT Lighting Cluster, eina Centre Universitari de Disseny i Art de Barcelona, BENITO URBAN y LightingPlat, con la colaboración del Ajuntament de Barcelona, ACCIÓ y Fundació Mies van der Rohe, en el marco de Barcelona 2026, Capital Mundial de la Arquitectura.
Celebrada en Benito Hub, la mesa reunió a Susana Malón, CEO y directora técnica de Lumínica Ambiental; Rebeca Sánchez, fundadora de LEDSCONTROL; y Manuel García Gil, responsable de Coordinación y Asesoramiento en Prevención de la Contaminación Lumínica de la Generalitat de Catalunya.
La conversación, moderada por Albert de Ramos Pons, Lighting Manager de BENITO URBAN, se estructuró alrededor de cinco cuestiones que permitieron abordar la contaminación lumínica y el diseño de la noche desde perspectivas ambientales, sociales, tecnológicas, normativas y urbanas.
¿Dónde están los límites de la iluminación decorativa?
La segunda parte de la conversación puso el foco en la iluminación decorativa y espectacular, especialmente presente en fachadas, elementos de comunicación visual y otros soportes que forman parte del paisaje urbano contemporáneo.
Las nuevas tecnologías ofrecen posibilidades cada vez mayores para crear experiencias y transformar temporalmente nuestros entornos mediante la luz. El reto está en encontrar el equilibrio entre creatividad, diseño y responsabilidad, evitando que la búsqueda de impacto visual derive en situaciones de sobreiluminación.
La cuestión no pasa únicamente por determinar cuánta luz utilizamos, sino por plantearnos dónde, cuándo, cómo y con qué finalidad iluminamos.
Llevar la contaminación lumínica al debate social
Uno de los primeros retos planteados fue cómo conseguir que la contaminación lumínica deje de percibirse como una cuestión exclusivamente técnica o vinculada a los profesionales de la iluminación y pase a formar parte también del debate social.
La iluminación artificial condiciona la forma en que vivimos y percibimos nuestras ciudades, pero sus efectos van más allá del consumo energético. La protección del cielo nocturno, la biodiversidad, el descanso de las personas o la relación con el paisaje forman parte también de esta reflexión.
Acercar esta realidad a la ciudadanía implica, por tanto, ampliar la conversación y generar una mayor conciencia sobre las consecuencias de nuestras decisiones lumínicas.
Llevar la contaminación lumínica al debate social
Uno de los primeros retos planteados fue cómo conseguir que la contaminación lumínica deje de percibirse como una cuestión exclusivamente técnica o vinculada a los profesionales de la iluminación y pase a formar parte también del debate social.
La iluminación artificial condiciona la forma en que vivimos y percibimos nuestras ciudades, pero sus efectos van más allá del consumo energético. La protección del cielo nocturno, la biodiversidad, el descanso de las personas o la relación con el paisaje forman parte también de esta reflexión.
Acercar esta realidad a la ciudadanía implica, por tanto, ampliar la conversación y generar una mayor conciencia sobre las consecuencias de nuestras decisiones lumínicas.
Normativa: un mismo reto en contextos muy diferentes
La conversación abordó también el papel de la normativa para prevenir la contaminación lumínica y las diferencias que aparecen a la hora de aplicarla según el contexto.
Las necesidades y posibilidades de intervención no son las mismas en un pequeño municipio, un entorno natural protegido o una gran área metropolitana, donde conviven múltiples usos, actividades y fuentes de luz.
Esta diversidad pone de manifiesto la importancia de combinar el marco normativo con una adecuada planificación del alumbrado y con criterios técnicos capaces de responder a las particularidades de cada territorio.
Diseñar ciudades nocturnas sin asociar más luz con más seguridad
Otro de los grandes temas fue la relación entre iluminación, diseño urbano y percepción de seguridad.
Reducir la contaminación lumínica en las ciudades plantea el reto de hacerlo sin reforzar automáticamente la idea de que menos luz equivale a menos seguridad. Una asociación que obliga a ampliar la mirada y entender que la calidad del espacio nocturno no depende únicamente de incrementar los niveles de iluminación.
Diseñar la ciudad de noche requiere pensar de forma global en recorridos, contrastes, jerarquías, uniformidad, orientación y experiencia del espacio. El objetivo no es simplemente iluminar más o menos, sino iluminar mejor y de acuerdo con las necesidades reales de cada entorno.
Más de una década de LED: oportunidades y retos pendientes
La llegada de la tecnología LED supuso una transformación profunda del sector de la iluminación y abrió nuevas oportunidades en términos de eficiencia energética, regulación, control y capacidad de adaptación.
Tras más de una década de implantación, la conversación permitió plantear cuál ha sido su impacto real desde la perspectiva de la contaminación lumínica y qué cuestiones siguen pendientes.
La eficiencia de una tecnología no garantiza por sí sola una iluminación responsable. Las posibilidades de regulación y control que ofrece el LED deben ir acompañadas de buen diseño, planificación y criterios ambientales que permitan utilizar la luz únicamente donde y cuando sea necesaria.
El valor de la luz también está en cómo diseñamos la oscuridad
Las cinco temáticas abordadas durante Paisajes Lumínicos III convergieron en una misma reflexión: proyectar la noche no consiste únicamente en añadir luz.
Significa comprender el territorio, establecer prioridades y tomar decisiones sobre dónde, cómo y por qué iluminamos, reconociendo también la oscuridad como una parte necesaria del paisaje nocturno.
Desde CICAT Lighting Cluster seguimos impulsando el valor de la luz y promoviendo espacios de conocimiento y colaboración que permitan avanzar hacia una iluminación más sostenible, responsable y consciente de su impacto sobre las personas y el entorno.